viernes, 26 de septiembre de 2014

Soltar para avanzar... ¿soltar, para crecer?

Es increíble que puedan caber tantos significados y dificultades en una sola palabra: soltar.
¿Soltar qué? Una relación, una persona, un recuerdo, una foto, una adicción. Soltarse de algo, de un abrazo, de un momento, de un amor. Tan fácil decirlo y tan difícil cumplirlo. 
¿Es lo mismo dejar ir, que soltar? En mi opinión personal, creo, definitivamente, que es mucho más común dejar ir, sin haber soltado. Todas las personas en algún momento de sus vidas tienen que dejar ir a alguien, o a algo, que ya no puede quedarse, por más que quieran. Pero, dejar ir no significa soltar. No todos los que dejan ir, se sueltan, se desprenden. Creo que esa es la parte más difícil de todo esto, soltarse, aún habiendo dejado ir.

Dejé ir, pero no (te) solté. No me solté, no se soltó, ni nos soltamos. Simplemente nos dejamos ir, como dos desconocidos. El allá, yo acá, dos personas totalmente diferentes, unidas por algo insignificante, chiquito, tan chiquito como los recuerdos guardados en ese rincón que nadie puede ver, solo esa persona que los guarda, y quien los comparte. 

lunes, 7 de abril de 2014

Sentimientos plasmados un día de lluvia

Sentimientos que necesitan ser plasmados de una manera u otra, y sinceramente, no encuentro una manera más sincera y comprensiva que escribir.
Siento miedo, mucho miedo. Miedo a no sé, a que vuelva a pasar lo mismo, a volver a sufrir, a llorar hasta quedarme dormida, a levantarme sabiendo que las cosas cambiaron. Miedo a errar, a intentar y que me salga mal. Me alejo de las personas que realmente me quieren por ese motivo, por el miedo. La inseguridad de sentirme traicionada, herida. Se que de eso se trata esto, la vida, no? De fracasar, caer, levantarse y seguir... pero siento que no, que no puedo. Aunque sea esta vez.
Me siento bien, segura de lo que hice y hago, pero no de lo que siento. Estoy confundida, estoy rodeada de emociones que me ahogan. Por parte, sé que lo que hice estuvo mal, no tendría que haberlo hecho, ni esa vez ni todas las demás, pero ahora sí siento que aprendí. Siento que era lo que me faltaba para darme cuenta de que no puedo manejar a las personas y a las situaciones como yo quiera. Era obvio que en algún momento todo lo que hice iba a volverme, tal y como yo lo dí. Tengo por bien sufrido lo sufrido, y llorado lo llorado. Y lo puedo decir con la más pura certeza, de que así es. Por eso siento que fue una experiencia que me enseñó a pararme de otra forma y a ser más madura e inteligente (quizás) a la hora de tomar decisiones. Pero ese no es el problema principal... el problema es que sigo con el mismo miedo de que toda esa secuencia que juré no volver a revivir, vuelva a pasar. Sé que cometí mis errores, mis malas actitudes, pero quedó en el pasado. Esta vez quiero hacer borrón y cuenta nueva, alejarme de todo lo que me hace mal, tanto de personas como de cosas. Empezar de cero como si fuera algo totalmente nuevo, aunque a veces se me hace totalmente imposible.

(En sus brazos me siento protegida. No sé cómo en tan poco tiempo logró esto, es algo raro e incomprensible. Con cada abrazo que me da me siento la persona más cuidada del mundo. Me hace sentir bien, por más diferencias y poco conocimiento que compartamos. Siento ganas de seguir conociéndolo pero de otra forma, desde otro punto de vista. Dibuja una sonrisa con cada cosa que dice, me hace reír, que creo y no me equivoco: es lo principal. Porque a veces también, es fundamental tener a alguien al lado. Por más creencias de que la felicidad no está al lado de nadie, sino dentro de uno. Sacando ese pensamiento individualista... también creo que a veces, un poco de amor es fundamental en la vida de un ser humano. Podés tener todo lo que queres, pero, si te falta amor, el resto del mundo sobra.)

sábado, 15 de marzo de 2014

Los mismos errores

Confié mucho sin tener de qué aferrarme. Sólo promesas, palabras. Un par de cada cosa que el viento se llevó a penas pudo. Creí que tenía razón... me equivoqué, una vez más.
No entiendo mi necesidad extrema de forzar las cosas para que terminen de ser lo que yo quiero. Nunca logre entender que, así no funcionan. Quizá porque cuando realmente quiero algo, hago todo lo posible por obtenerlo, sin importar las consecuencias o problemas que eso conlleve. Soy así: quiero algo y no paro hasta tenerlo. No me importa nada más. Pero a veces tengo que aprender (y entender, de una buena vez) que no todo siempre se va a dar como yo quiero. Que de los errores se aprenden, y que los golpes de la vida me enseñan cada vez más. Que no está tan mal darse la cabeza contra la pared para ver la realidad cuando todo parece estar fatal.

Hoy compruebo que no puedo lidiar con el destino, y con cada persona. No puedo cambiar nada de todo mi alrededor, si no empiezo por mí misma. 
Alejarme de las cosas que me perjudican va a ser lo mejor que puedo hacer para empezar. Dejá de encapricharte, loca. Viví la vida.

Día gris

Me levanto 15 minutos tarde. Me subo al auto y me doy cuenta que me olvide el celular, por ende, tuve que volver a casa a buscarlo. Me peleo con X. Me subí a un colectivo y tuve que volver a bajarme. Me lo tomé media hora después. Me pelee con una vieja en el colectivo. Me peleo con x, nuevamente. Se está por largar a llover. No hice ni un cuarto de todo lo que tendría que haber hecho en el día. No se que decir. "Hoy no es mi día, ya me enteré."

Finales

Lo que asusta del tiempo es no percibir su paso, no darte cuenta de lo rápido que pasa, si es que está pasando.

Los finales determinantes y precisos duelen, pero a veces duele más la manera de terminar algunas cosas: no te das cuenta. Ni siquiera reconoces que terminó. Es lo doloroso. Sólo pasa el tiempo, las cosas se dan como se tienen que dar, las heridas sanan (a veces) y después ni siquiera con claridad, pero se vuelven a abrir. Nunca cicatriza del todo, y eso es lo que poco a poco nos va matando.
¿Cuando fue la última vez que te sentiste así? 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Algo de lo que quedó

Después de haber pasado el tiempo, afirmo que fue una experiencia, buena o mala, pero siento que aprendí mucho. Hay cosas que no voy a repetir, y a la hora de elegir, voy a ser mucho más consciente. Por ahí, en ese momento decidí cosas sin pensar en las consecuencias y ahora se que eso no va a volver a suceder.
Fue una experiencia que me atravesó y me enseño a pararme de otra forma a la hora de tomar decisiones. A pesar de que soy de soltar difícil y agarrar muy fácil con respecto a cosas y personas. Esta vez, definitivamente solté, pero eso no quiere decir nada, no quiere decir que no pueda volver.. aunque espero profundamente que no.
También entendi que todo esto se trata de vivir y de sentir... hoy por hoy y por mi parte, le hago mucho caso a lo que siento, y si no quiero algo, no lo fuerzo, porque aprendí a vivir los vínculos de otra forma, no desde la histeria de los tiempos. Ahora se que voy más por el sentir, y eso a veces hace que sean un poco abruptas mis decisiones, y después me encuentre con las consecuencias, pero apartando esa parte, tarde pero seguro, entendí ese "algo" de todo lo que quedo. Y lo único que puedo decir es gracias.

martes, 17 de septiembre de 2013

Porque hay cosas que sangran por dentro y nadie las puede notar

No entiendo porqué sigo maniatada a cosas que todavía duelen. Porqué sigo esperando cosas que se que nunca van a llegar. Porqué sigo atada a cosas que hace muchísimo tiempo terminaron... me cuesta muchísimo desprenderme y alejarme de personas y cosas que, en realidad, me hacen mal. Siempre fui de esas personas a las que les cuesta aceptar la realidad. Por eso debe ser que me cuesta tanto lograr entender las cosas, y por esa misma razón, siempre termino tan maniatada a la mayoría de ellas, sin poder escapar.

Para eso, creo que hace falta bajar, salir un rato de mi mundo, 
tocar el suelo con los pies, pisar tierra firme y darme cuenta de cómo es todo en realidad y cómo cambia todo en tan poco tiempo... para bien, y para mal (aunque la mayoría de las veces cambian para mal) y cómo aprender a sobrellevar las cosas y los cambios. Aunque me de miedo, aunque no quiera, aunque ponga mil excusas para no hacerlo, muchas veces es necesario y al fin y al cabo, termina haciéndome bien. A mí, y a mi al rededor.